Parkinson

  1. Frecuentemente clasificada como un trastorno del movimiento, la enfermedad de Parkinson también desencadena alteraciones en la función cognitiva, en la expresión de las emociones y en la función autónoma. La medicina convencional reconoce como causa de la enfermedad la disminución de la cantidad de neuronas encargadas de producir dopamina y no explica por qué esto sucede. Atiende la anomalía con fármacos precursores de dopamina, como son la levodopa y la carbidopa, sin atender el origen del problema. Es decir se provee al organismo con sustancias que pudieran aparentemente ayudar a producir más dopamina, lo cual no permite atender lo que funciona inapropiadamente. Por lo anterior el padecimiento sigue avanzando generalmente. Además resulta relevante el que se obvian los efectos colaterales que tienen los fármacos que se usan, lo cuales van socavando la salud del paciente.
  2. El Parkinson es desde el punto de vista de la medicina sistémica, el resultado de la disminución de la cantidad de neuronas encargadas de producir dopamina, esto debido que el sistema inmune ataca y destruye la neuronas responsables de su producción, otra posible razón es la apoptosis errática en este caso. Para la medicina sistémica este tipo de “errores” provienen de la conjugación de diversas perturbaciones organísmicas y orgánicas (emocionales, nutricionales, de estrés crónico, contaminación electromagnética, uso excesivo de fármacos, etc.).
  3. Con base en lo anterior planteamos que hay que apoyar integralmente a la restauración de la mayoría de estos trastornos “invisibles” mediante la combinación de campos electromagnéticos y otras terapias metabólicas, todo lo cual ayuda a restablecer lo que está funcionando inadecuadamente y que es fondo causal de esta patología. La visión sistémica hace uso de una estimulación electromagnética/terapias metabólicas con el propósito de dar la cantidad y calidad de biocampos y recursos metabólicos apropiados (la ozonoterapia, la auto-hemovacuna, la apitoxina y otras tienen efectos inmuno-moduladores) que posibilitan que el sistema inmune deje de atacar a las neuronas, así como promover que se regenere la población neuronal. Ninguna de estas terapias presenta efectos colaterales, en el caso de apitoxina, se realiza prueba de alergia previa.
  4. El protocolo aplicable para la enfermedad de Parkinson es de alrededor de 21 días de terapias, las terapias se aplican selectivamente dependiendo del paciente en lo particular y se modulan según la respuesta que se tiene. Esto depende de lo avanzado de la enfermedad, edad y otras condiciones que el médico de nuestro equipo evalúa (diabetes, hipertensión etc.). Se inicia con estimulación EIMA y ozonoterapia variables según el caso. Se requiere refuerzos de terapia en periodo posterior en dependencia del paciente.
  5. Hemos tratado alrededor de 20 pacientes con diagnóstico de Parkinson (últimos 10 años). En todos los que hemos atendido han habido mejorías que van desde una franca disminución de los síntomas hasta una leve mejoría semejante a la lograda con fármacos, pero sin los efectos adversos. Los resultados no quedan restringidos a la enfermedad que motiva el tratamiento, existe una alta posibilidad de una mejoría general de la salud, que se identifica según sea el caso, si no dormía bien dormirá bien, si la digestión causaba problemas no los causará. Los resultados son un metabolismo más eficiente y las manifestaciones notables dependen de donde estén las anomalías patentes originalmente.

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